Agradeceré toda la vida a mi madre que me haya convertido en la reina de las “huchas”.

En mi casa, siempre se ha hablado de dinero, en cómo elaborar un presupuesto mensual , anotando los gastos y siendo conscientes de lo que se podía hacer o no en un determinado momento de nuestra vida familiar.

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Lo que más me gustaba, era ver como mi madre revisaba las cuentas a menudo, y planificaba con antelación los gastos más importantes del año.

Cuando tenía una meta más grande, por ejemplo, ahorrar para una nevera porque la nuestra estaba a punto de romperse, la veía anotar en su libreta una partida dedicada al ahorro para esta meta cada mes, hasta que lo alcanzará, sin tener que pedir nada prestado al banco, o peor, cargándolo a una tarjeta de crédito.

Para mí, ha sido una herramienta decisiva  que me ha permitido vivir sin pasar por grandes apuros.

Llegada a la vida adulta, me habían inculcado que todos los años, me tocaría pagar el seguro del coche, su mantenimiento, la renta, los impuestos y seguros varios y sin que llegaran como si fueran una sorpresa.

Como bien sabes, las finanzas  personales, son personales y no hay un método único para hacer frente a esos gastos.

Lo importante es que uses uno que funcione para ti.

Si para ti, es más cómodo usar la paga doble para cubrir estos gastos especiales, adelante.

Si para ti, es más cómodo y tienes poder económico suficiente como para sufragarlo con tu paga de ese mes, adelante.

Otra opción es hacer “huchas”.

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Las puedes gestionar con una libreta, tu hoja de Excel, o bien, los bancos ofrecen la posibilidad de crearlas online gratuitamente.

El primer paso, es identificar para cuantos gastos debes ahorrar.  Si no estás segur@, saca tu extracto bancario del año anterior y ve repasándolo.

Después, coge  el importe y divídelo por doce.  Por ejemplo, el IBI me cuesta 180€ al año. 180 divido entre 12, son 15. Así pues, sabes que 15€ cada mes, se deben apartar para pagar el IBI.

Repite la operación las veces que haga falta. Súmalo todo y tienes el importe que necesitas apartar cada mes.

Es mi opción favorita por varios motivos:

Psicológicamente, me da satisfacción porque hago un pequeño esfuerzo cada mes, veo mis huchas aumentar hasta alcanzar mi objetivo, es un dinero que no me gasto en cosas superfluas porque sé que no me lo debo gastar y por fin, llegado el momento del pago, no me cuesta nada soltar ese dinero.

Ya lo había apartado para este fin, y sabía que no lo podía tocar.

Cuando llegué a la vida adulta, conocí a mucha gente, quienes llegados el mes de junio se ponían negros y me decían, “este mes estoy en números rojos, porque me ha venido de golpe la contribución del piso, el seguro, y el pago para el campamento de  verano de los niños”. Y siempre me extrañaba, porque sabía que esas personas tenían recursos económicos suficientes para poder pagar todo esto sin endeudarse. Estos gastos no son una sorpresa. Vienen cada año, en el mismo mes. Sin embargo no tenían dinero suficiente llegado junio y no lo entendía.

La razón era sencilla: no les había enseñado nadie como planificar un año entero e ir apartando para estos gastos recurrentes. Solían vivir el día a día, solo consultaban la cuenta bancaria de vez en cuando, y nunca habían oído hablar de gestionar un presupuesto.

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Si este es tu caso, no te sientas mal. Posiblemente nunca te lo han enseñado y nunca es tarde para aprender. En este blog y mi Instagram @leconomiss, encontrarás información, recursos  y trucos para aprender a gestionar tus cuentas y vivir de manera intencionada. No dudes en preguntarme lo que quieras.

Y si eres un as de las huchas, comparte tu saber con las siguientes generaciones: hermanos pequeños, hij@s, prim@s, sobrin@s.

Me encantaría saber cómo organizas tus gastos previsibles de cada año.

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Jeanne Marie, [31.03.21 10:11]